Travesía: Julio 2014
BARCO: Fénix VI (Beneteau  Oceanis -Clipper   47.3)

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LUNES 21 de julio:
El día prometía, sol, cielo despejado y una agradable temperatura.
Desde primera hora de la mañana aprovisionamos el barco llenando tanques de agua, gas-oil y víveres.
Hacia las 11:00 horas soltamos amarras y zarpamos desde el puerto de Muros poniendo rumbo a la playa de la “Aguieira”, a donde llegamos unas 2 horas más tarde gracias a suave brisa del norte. Una vez fondeados en su espectacular arenal, desembarcamos para que algunos pudieran dar un paseo por la playa y otros, un refrescante baño para ir abriendo apetito de cara a la suculenta comida que teníamos pensado hacer a bordo.

A lo largo del día nos acompañó el buen tiempo y las condiciones eran inmejorables.
Tras un breve descanso a la sombra, en la bañera del barco, y después del café, levamos ancla y hacemos un largo bordo con muy buen viento del través (entre 10 y 14 nudos), con toda la vela y un rumbo que nos llevaba directamente a la línea de costa, con la intención de conocer las condiciones para la navegación a vela en esa zona. Dos horas más tarde, ya en mar abierto, y después de comprobar in situ que las condiciones eran buenas, decidimos navegar hacia el N-NW con un viento de fuerza 4-5 de dirección NE, condiciones perfectas para disfrutar de una travesía a vela preciosa sin apenas mar de fondo y con velocidades medias de 6 a 7 nudos.

Después de 2 horas, hacia las 9 de la tarde, ya estábamos entrando en el abrigado puerto pesquero de “Potocubelo”, en “Lira”. Para esa hora el viento había aumentado alcanzando rachas de 25 a 30 nudos. Debido a las reducidas dimensiones en la entrada del ese puerto y la cantidad de pequeñas embarcaciones fondeadas en la dársena, iba a resultar un poco complicado maniobrar correctamente para amarrarnos, sin ninguna ayuda desde tierra, teniendo que, primero sortear cabos, boyas y botes de todo tipo que se encontraban fondeados para a continuación aproar el barco al viento, y segundo, Santi, debería de saltar a tierra, ascender por las escalerillas unos 3 metros para amarrar el cabo que le lanzaría Carmona desde nuestro barco.
Necesitamos un segundo intento, ya que a la primera no estuvimos bien coordinados como requería la situación y el fuerte viento que se canalizaba en la entrada del puerto nos separaba de él rápidamente sin dejarnos margen de error.
Una vez amarrados, después de descansar un rato y cambiarnos a modo de paseo-pueblo, dimos una vuelta de reconocimiento hasta dar con un pequeño restaurante a pié de playa donde disfrutamos de una fantástica cena a base de pulpo, calamares y pescado, todo fresco y buenísimo.

MARTES 22:
Amanece en “Lira” un día encalmado, soleado y caluroso. Después de un corto paseo por el pueblo y desayunar en la bañera, zarpamos con un mar totalmente en calma y sin viento.
A la 13:00 horas, después de una navegación a motor muy relajada, navegando paralelos a la enorme playa de “Carnota” y con la compañía de algún que otro arroás (familia de los delfines), nos encontramos fondeando en la bellísima ensenada de “Ézaro”, lugar mítico y sagrado para el pueblo celta.
Desembarcamos par ir a visitar la famosa cascada del río “Xallas”, y aprovechamos para refrescarnos en sus cristalinas y fresquitas aguas. Después de comer, bañarnos, y compartir una preciosa tarde, levamos ancla y ponemos proa al puerto de Fisterra, navegando a motor en una calma total.
Arribamos sobre las 21:00 h. y desembarcamos en el pueblo donde descubrimos sus intrincadas callejuelas. Hacia las 22:00 horas y con más de media hora de día por delante, embarcamos de nuevo para ir a fondear al enorme arenal de la playa “Langosteira” donde haríamos noche.
Cenamos bajo un cielo lleno de estrellas en una noche mágica con una temperatura ideal y el mar completamente dormido.

MIÉRCOLES 23:
Nos despertamos con algo de niebla en la costa y desayunamos en cubierta disfrutando de las vistas; nativos, turistas y perros paseando por la playa, pescadores faenando, buzos sumergiéndose para pescar navajas y el pueblo, al fondo, despertándose muy poco a poco.
Dentro de este ambiente relajado zarpamos sin prisas poniendo rumbo sur e izando velas.
Navegamos con compás y carta ya que a medida que entramos en la costa la niebla nos acortaba la visibilidad. Los grumetes, Jaimito, Hortensia y Otilia (con todos los respetos), fueron los mejores vigilantes de guardia durante esta travesía que nos llevaría unas cuatro horas hasta recalar en la bahía de “San Francisco”, al pié del monte Louro. Allí preparamos la comida mientras comentamos el mágico momento que nos brindaron los arroases con su compañía, cuando ya estábamos entrando de nuevo en la Ría de Muros-Noia.
A media tarde ponemos rumbo al puerto de Muros a donde llegamos sobre las 20:00 horas para finalizar esta preciosa travesía.
Gracias a todos por darnos la oportunidad de compartir estos inolvidables momentos.

Un fuerte abrazo a toda la gran familia, Antonio Carmona, la cabo furrier, Pilarica, Belén la tranquila, Calamidades, Jaimito, Hortensia y Otilia, y especialmente a Santi, “O Arroás”, principal organizador de esta fantástica travesía.

Con todo el cariño y agradecimiento

Fernando.

 

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